Había olvidado el color de tu pelo, recubría tus ojos a veces? O es producto de mi imaginación descabellada?
Tenía rizos? O era completamente liso? No consigo recordarlo.
Había olvidado el sonido de tu risa, la forma en que arrugabas tu nariz, había olvidado que tenías pequitas en la nariz y por las mejillas, y esa cicatriz (no recuerdo en qué parte era, perdona) de cuando tuviste varicela. Era como un círculito? O era una rayita debajo de tu ojo? No lo recuerdo, perdona.
No recordaba que cuando algo te fastidiaba empezabas a moverte con fastidio, de una forma muy graciosa, ni que siempre te comías primero las patatas antes que la hamburguesa. No recordaba que cuando llegas a un sitio mueves los pies intranquilo, pero con cierta soltura, como un niño grande. Ni que solías llevar siempre gorra, a veces blanca, beige, y la última que recuerdo era roja.
No recordaba que tenías una marca en la rodilla (creo) de cuando de pequeño te enfermaste y tu abuelita te curó. Y se me había olvidado que siempre jugabas al fornite. Aún juegas? Supongo que no.
No recordaba muchas cosas de ti, supongo que porque la vida fue pasando, y las cosas han cambiado demasiado. No te recordaba tanto como de costumbre, y dejé de escribirte en el diario que algún día, pensé, te leería. Solía escribirte cada día, luego cada semana, cada mes y en algún momento me olvidé de ti.
De la forma de tus manos, de tus uñas planas, de la forma de tus dientes, y de que algún día llevaste un piercing en la nariz. Aún lo llevas?
No recordaba que tenías tatuajes y que la última vez que nos vimos tenías más. No consigo recordar de qué eran, lo siento.
Ya no recuerdo muchas cosas tuyas, a veces se me olvida que alguna vez estuvimos juntos.
La vida pasó con mucha velocidad y mucha fuerza y en el proceso de cumplir mis sueños y mis metas me olvidé de ti. Me olvidé de muchas cosas, J. Hasta de la promesa que un día te hice: “Siempre vivirás en un trocito de mi corazón. Te prometo que seré feliz”.
No se si aún vives en mí. Ya no te recordaba. Y últimamente la vida y sus problemas me han minado la esperanza. Conseguí muchas cosas, sabes? Muchísimas. Y en el proceso de cumplirlas perdí muchas que creía mías. Me hice mucho daño, me hicieron mucho daño, y aprendí de muy mala forma lecciones que jamás olvidaré. Sigo asimilando, vivo asimilando todo esto. Si algún día la vida nos reencuentra, cuéntame cómo fueron esos años sin vernos. Y háblame de historias increíbles, de romances apasionados, de chicas preciosas, de sueños y viajes que hiciste y de lo feliz que fuiste sin mí. Yo te hablaré de viajes y metas que conseguí, de personas maravillosas, de reencontrarme conmigo misma y espero poder hablarte del dolor que me causaron, con una sonrisa en mi rostro.
He sido feliz, demasiado feliz, y cuando estás tan arriba y rozas el cielo con las manos, cuando tienes el mundo a tus pies, o te mantienes arriba (porque ya no había más cielo que alcanzar, de verdad, era invencible), o si te descuidas caes en picado.
Valió la pena la caída. Fui demasiado feliz.
Hoy me acordé de ti. De cómo soplabas mi frente cuando hacía calor en el metro y empezaba a sudar. De cómo me traías la merienda cuando trabaja los sábados. Y de cómo me mirabas cuando me vestía frente a ti.
Me diste muchas cosas bonitas, perderte significó que vinieran muchas más a mi vida, y aunque me dolió, sé que fue lo mejor.
Espero que estés bien,
Yo lo estoy.
K