viernes, 4 de abril de 2025

deseándote

  A veces siento que el tiempo nunca pasó. Que todo sigue exactamente en el mismo sitio donde te dije “buenas noches, amor, te amo” y me fui a dormir pensando que al día siguiente todo estaría bien. 

Que ingenua, no? Al día siguiente todo se iría a la mierda. A veces pienso en cómo sería todo si nunca hubiese visto tu móvil. Supongo que el final era el mismo. Tú ya no sentías nada por mí, mientras que yo te amaba con todo el corazón. No te mentí cuando te dije que ya no era feliz, tampoco lo hice cuando te decía que contigo era muy feliz. La cosa es que nuestra situación era muy complicada. Dos mundos no pueden colisionar sin que haya consecuencias. La que a nosotros nos tocó fue conocer el amor y luego perderlo. 

Nunca he creído que alguno de los dos ganase, ni siquiera creo que tu felicidad vaya a ser mejor, qué va. Y no me malinterpretes, te deseo que lo seas. Es solo que todo lo que pudimos ser juntos era tan inmenso, que superarlo aunque fácil, será muy injusto. Pudimos ser tantas cosas… No te mentí cuando te dije por llamada que yo jamás me habría ido de tu lado. Nunca. Nunca me habría ido de tu vida, aún en contra mía habría seguido luchando por conseguir esa relación que nos llevase al paraíso, un lugar donde tu mundo tan rebelde y libre, encajase a la perfección con el mío, tan tranquilo y complejo. Pero era imposible. Aunque a veces recuerdo como me dijiste ese día en mi portal que nosotros íbamos a demostrar que la Biblia no tenía razón. El yugo desigual sí podía funcionar. Pero no nos funcionó. Y yo… yo me lo creí sabes? Me creí que de verdad lo conseguiríamos, ahí bajo un cielo de verano, el primero y único que compartimos, pensé que nosotros seríamos la excepción. 

Hoy creo que sólo Dios tiene la razón. El me lo advirtió sabes? Y no me importó. Me fui de cabeza contra el abismo y si te soy honesta tampoco me arrepiento. Fui feliz, y durante esos pequeños momentos de felicidad que compartimos, siempre supe que aún si luego te perdía, habría valido la pena. No me arrepiento de nada de lo que vivimos. Jamás podría arrepentirme de haberte amado como lo hice. Porque por un amor tan inmenso solo se puede sentir gratitud. Y yo te agradezco por haber llegado a mi vida, por haberme enseñado lo que era el amor, y por haberme amado tanto. Porque fue amor, J, no tengo la menor duda. Un amor inmaduro, infantil, ingenuo, iluso, confuso, e imposible, pero amor al fin y al cabo. Y si existieran otros universos paralelos, sé que en uno de ellos, sino varios, estamos tú y yo juntos, aprendiendo el uno del otro, creciendo juntos, cumpliendo nuestros sueños, viajando por todo el mundo, sabiendo entendernos y respetando los sentimientos del otro, haciendo el amor todos los días con tanta pasión que parecemos únicos en la tierra, riéndonos de mil tonterías y amándonos con el alma. En otra vida nosotros seguimos amándonos. 

En esta sin embargo, cada uno hizo su vida como si el otro nunca hubiese existido. Pero existimos. Y aprendimos juntos lo que era el amor. Esa primera vez siempre será nuestra. 

A veces me acuerdo de cómo eras, de la forma en la que arrugabas tu nariz. De cómo te reías, de tu voz de niño, de tus ojitos verdes, del olor de tu piel, y entonces sonrío, sin dolor, sin rabia, sin tristeza. Le sonrío al J que conocí, porque en mí mente siempre serás ese niño de 20 años que me enamoró. Éramos niños, J. Y no supimos qué hacer con tanto amor… 

Ahora en cambio, cuando quiero pensar en ti ya no logro imaginar cómo es tu vida, no sé ni cómo luces, qué aspecto tienes ni cómo te vistes. ¿Sigues usando gorras? ¿Todavía usas sudaderas con capucha? ¿Llevas aún el anillo que un día te regalé? Si no, no te preocupes, yo tampoco tengo el tuyo. Ese está en el fondo del Río Sena en París, donde una vez te pedí que me pidieras matrimonio cuando creía que el resto de mis días los pasaría contigo. Si el mío está en un cajón o en la basura estaremos en paz. 

Ya no sé quién eres J, y tú tampoco sabes ya cómo soy. Sigo siendo parecida por fuera, quizá con unos kilos de más, con el cabello más corto, y con otro tipo de ropa. Pero ya no soy la misma chica triste que tenías, ahora me siento mucho más feliz, más alegre, más risueña, como la que conociste y que poco a poco se fue apagando. Soy muy feliz, J. A pesar de los problemas, lo soy. Espero que tú también. Y espero que la chica con la que estás te quiera muchísimo. Mucho más de lo que yo te quise, solo así sabré que quedaste en buenas manos. Espero también que tú la sepas amar de la forma en la que nunca pudiste amarme a mí, con respeto, lealtad y honestidad. Y espero que recibas lo mismo. Espero que seas muy feliz. 

Ya no sé muy bien cómo eres, y cada vez te siento más y más lejos de mí. Por eso mientras aún me queda un poquito te sigo escribiendo, dejando sobre este papel todos los sentimientos que todavía me quedan. 

Hoy por ejemplo te escribí esto porque escuché esa canción que bailamos juntos cuando salimos por primera vez y algo chiquitín se me removió adentro y sonreí. 

La canción era deseándote de Frankie Ruiz. 

K




No hay comentarios:

Publicar un comentario