Dime que es mentira, que el paso del tiempo no borró nuestro recuerdo.
Si pudiera regresar al ayer volvería a ese día que nos prometimos que nos amaríamos toda la vida. Te tomaría de la mano otra vez y te diría poniendo la tuya en mi pecho que mi promesa era real, que jamás la rompería, porque aunque quisiera no podría nunca. Luego dejaría que tomases la mía y cuando me hicieras tu promesa te diría que te creo. Porque lo hice. Siempre te creí.
Volvería al pasado, no para cambiarlo o cambiar algo de lo que sucedió. Sino para asegurarte que mis palabras eran sinceras, para asegurarme que lo sabías, que eras consciente del gran amor que te tuve. Te prometería lo mismo, te diría las mismas palabras, pero en vez de reírme cuando me mirabas de esa manera, te diría que cuando me mirabas así me sentía la mujer más afortunada del planeta.
Tal vez hablaría menos, no porque no tuviera cosas que contarte, sino porque me gustaría apreciar más tus ojos verdes, guardar más detalles en mis pupilas, como una foto imborrable que ni el tiempo puede romper. Observaría con más calma las pequitas de tus mejillas, y contaría los lunares de tus brazos con más calma. Eran 28, creo. Pero esta vez me aseguraría.
No cambiaría nada de lo que ocurrió, ni siquiera te cambiaría a ti, ni tus bromas, ni tu sentido del humor a veces tan pesado, ni esas palabras que a veces no entendía, solo me dedicaría a guardar mas detalles tuyos, a conservar en mi piel y mi cuerpo la sensación de un abrazo tuyo, la suavidad con la que me rodeabas con tus brazos y como me acercabas a ti. Trataría de preservar de alguna forma el sonido de tu risa, la forma tan sutil en la que te reías cuando me escondía en tu pecho y te decía que te quiero. La dulzura de tu voz, como se guarda eso? No lo sé. Pero lo conservaría en algún lugar secreto, que sea mío. Dónde acudir cuando esa montaña rusa me lleve hasta abajo.
De cualquier forma te llevo conmigo, no tanto como quisiera, ni tanto como te prometí. Pero es que no sabía que iba a ser tan difícil, ni tan doloroso…
Y aunque nunca rompí mi promesa, a veces lo intenté. Cuando anochecía y el dolor era tan grande que no podía dormir, entonces le pedía a Dios que te arrancara de mi pecho, porque yo no quería, ni podía.
Cuando algo me recordaba a ti, y sentía que las lágrimas me salían, intentaba olvidar que alguna vez te conocí. Intenté olvidarte, pero nunca lo conseguí. Intenté volver a enamorarme, pero nadie me hizo sentir así.
Y cuando pensé que te amaría toda la vida, de pronto un día te dejé de sentir. Y me dolió más haberte olvidado que intentar olvidarte, porque sentí que había roto mi promesa. “Siempre vivirás en un trocito de mi corazón, en una casita blanca donde habitan todos nuestros recuerdos. Yo siempre nos recordaré así”.
Pensé que ya no estabas, que no te guardaba dentro de mí. Pero cuando menos lo esperaba fue como si tu recuerdo empezase a latir de nuevo.
Te llevaré siempre conmigo, toda la vida, no como creía, ni como te prometí, pero te dije que yo nunca rompo mis promesas, y era cierto. Es verdad. Hay un lugar en mi corazón y en mi historia que siempre será tuyo. Tu recuerdo, lo que me enseñaste, lo que aprendí de ti, todo eso siempre formará parte de mí, de quien soy, y aunque dejé de amarte, siempre estarás ahí, en esa casita blanca que guarda todos nuestros sueños, nuestros anhelos y nuestras promesas. Te querré toda la vida, porque tú me enseñaste lo que era el amor, el amor verdadero, y no importa cuando tiempo pase, cuanta vida nos pase, yo siempre te llevaré conmigo. Como tú a mí. Y así nunca romperemos nuestra promesa.
“Me has marcado la vida, y por eso siempre te querré. Siempre vivirás en un trocito de mi corazón, en la casita blanca donde habitan todos nuestros sueños. Te lo prometo”
No hay comentarios:
Publicar un comentario